Cada año que pasa parece que la Navidad empieza antes:
Con ofertas y promociones que se inician el “Viernes Negro” (Black Friday, para quienes necesitan expresiones “trendy”), siguen el “Ciber Lunes” ( Cyber Monday, por si acaso) y se llegan a juntar con las Rebajas de dicero (antes era enero, pero ya ni se sabe).
Durante casi dos meses los villancicos desplazan a los jingles (música de los anuncios, para quienes no sean muy de publicidad, pero sí “cool”, “fans” del “advertising” y esas cosas). Empiezan poco después de acabar las vacaciones de verano, que tampoco son solo en agosto, sino que pueden llegar hasta noviembre. En realidad parece que hay personas afortunadísimas que pueden tener vacaciones todo el año. O tener vacaciones, a secas. Y a fin de cuentas, un viaje, un crucero cualquiera, son un regalo estupendo para hacer anticipadamente. Y sale mucho más barato contratándolo así.
Así que nos encontramos con un cambio de tendencias en los hábitos de compra (cada vez menos gente lo deja para el último momento y cada vez más se compra por internet), de venta (se reduce el stock físico en las tiendas a favor de los catálogos y muchas operan online, sea de forma exclusiva o complementaria) y de publicidad (los colores y símbolos típicamente navideños se expanden).
Pero también cambia el mix de productos anunciados: Arrecian los de perfumes, coches y juguetes. En perfecta sintonía con el incremento de dispositivos que usamos aumenta también la promoción de productos eléctricos y electrónicos de todo tipo, desde batidoras a teléfonos móviles (lo que se ha dado en llamar líneas (o gamas) “marrones” y “grises”). Y ropa. Y complementos. Y comida típica de estas “fechas entrañables”. Y bebida (dentro de la legalidad, por supuesto). Y de todo. (O casi: Aquí no se anuncian demasiado los vendedores de arbolitos y sus complementos si lo comparamos con el resto de mercaderías).
Así que no es raro acabar saturados de marcas, anuncios, productos y músicas (en el sentido más amplio de la palabra).
Tras las cenas de empresa, comidas familiares y festejos varios, dicen las estadísticas que los españoles engordamos una media de cinco kilos. Una barbaridad. Pero iniciamos el año llenos de buenos propósitos (hacer deporte, dejar de fumar, empezar cursos de idiomas…) y una dieta desintoxicante por aquello de limpiar el organismo después de tantos excesos. Pocas veces rematamos los propósitos (y eso si conseguimos llevarlos a cabo en algún momento antes de las próximas navidades).
¿Y el Marketing?
Podría considerarse como desintoxicante, en sí mismo, abandonar la estética, los productos y los mensajes relacionados con estas fiestas. Una especie de “vuelta a la normalidad”.
Hasta que empiecen a promocionarse San Valentín, los carnavales, la Semana Santa, las vacaciones de verano y vuelta a empezar.
Desde una concepción estrictamente comercial de “marketing”, ciertamente, resulta difícil percibir alguna forma, algún canal, algún modo no intoxicante.
¿O no?
Te invitamos a compartir en el blog tus ideas sobre las distintas posibilidades.
Nosotros tenemos unas cuantas que os iremos contando a lo largo de este año.

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Patricia Martín

Abogada Iuris Marketing

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