Empecemos (de nuevo) con una analogía que ya hemos usado otras veces en este blog. Queremos abrir una tienda en nuestro barrio, ponemos todo nuestro amor en ella, trabajamos la decoración, trabajamos la iluminación, compramos el mejor Stock y lo colocamos en nuestras flamantes estanterías. No nos hemos dado cuenta pero usamos el Social Media como si fuera algo innato en nosotros.

Llega el día de la apertura, incluso hemos hecho unas invitaciones para que todo el mundo, empezando por nuestra familia se entere que ya abrimos (después de explotarles durante semanas para que nos ayuden en la reforma o el traslado de productos). Hemos comprado unas botellas de cava, sidra y canapés… ¡que ricos!

Es probable que hayamos “engatusado” a vecinos y conocidos para que vengan a ver la tienda (con el chantaje del cava) para que parezca que el día de la apertura estamos rompiendo el mercado… ¡Qué ilusión!

Incluso me atrevo a decir que has hecho un buen marketing local y hayas encargado unos folletos y repartido por todas las comunidades del barrio, llenando buzones con el entusiasmo de Heidi corriendo por entre los prados de los montes suizos.

Llega la apertura, si has hecho bien tu trabajo es probable que pases unas semanas viviendo del remanente de la apertura, tu producto va saliendo y los clientes entrando. Partimos de la base que aunque el esfuerzo es enorme sigues haciendo tu marketing (Social Media) y los clientes repitan y te den muy buenas opiniones en cuanto a satisfacción, ya que como todavía no te has quemado estás dando el 100% de lo mejor de ti en cada venta por pequeña que sea. Así pasan las semanas y los meses, todo va bien y lo cuidas para que así sea.

Hasta aquí, aunque no te lo creas estás haciendo un buen Social Media, ya que estudias las necesidades de tus clientes y vas ajustando tu catálogo en función de necesidades reales. Por cierto recuerda que si un cliente (uno solo) te pide una variante de tu producto no significa que debas sustituir uno por el otro, y que lo hagan dos pero como son muy pesados lo hacen todos los días tampoco. Y sobre todo menos aún cuando la petición va acompañada por un “No lo digo por mi, estoy pensando en lo mejor para tu negocio”.

Todo este “cuento” es muy bonito e idílico. Normalmente ni hacemos tan buen marketing ni pensamos siquiera que es necesario, como somos los más guapos y con los mejores productos los clientes van a llegar solos y eso del marketing es una tondada que no sirve para otra cosa que “sacarte los dineros”.

Pasemos a la vertiente digital.

Te compras un dominio, como has leído (escuchado o visto) cientos de triunfadores de pantalla que un ecommerce es lo más mejor y que WordPress con Woocommerce es de lo más te lanzas a tener la mejor web con tienda del mercado, has contratado un buen hosting (modo ironía) ya que al igual que una tienda física una buena ubicación es esencial. Te has asesorado de cuales son los mejores plugins para tu negocio y los instalas con las mejores configuraciones tú solo (de nuevo ironía).

Contratas a un buen fotógrafo de estudio (más ironía) tienes las mejores instantáneas de los productos y como eres más que muy “apañao” y nadie sabe más que tú de tus productos redactas los contenidos más originales y orientados al posicionamiento orgánico permitiendo que el SEO Off Page haga bien su trabajo. Todo ésto sin dejar de pensar en el cliente final y el alcance de tu información ya que es más importante la información que necesita nuestro cliente potencial que lo bonito que quede en la página.

Entonces como además has hecho una buena campaña de Adwords, de Facebook ADS e Instagram Ads (dejando algo de presupuesto para Twitter ADS (en el que no crees pero algún lunático te ha dicho que vale la pena. Tienes a millones de personas esperando que abras la tienda para fundirte el Stock. Tu Social Media es impecable y lo demostrarás desde el minuto uno.

Nota del autor: Ya me he cansado de tanta ironía, vamos a por la realidad más general…

Lo cierto es que pensamos que por abrir un ecommerce vamos a tener las ventas aseguradas. Tanto es así que hasta somos capaces de duplicar los contenidos de explicación de los productos directamente del catálogo de nuestro mayorista, y como pensamos que somos los más rápidos creemos que las explicaciones que da nuestro proveedor es buena y a nadie más le ha dado tiempo seremos a los que les copien, nadie puede ser tan rápido como nosotros.

Dejadme que os diga una cosa, durante muchos años he sido motero de gran cilindrada y aún yendo a velocidades extremas (para mi) siempre había alguien en alguna parte que era capaz de adelantarme sobradamente y le daba tiempo de mofarse por el retrovisor. De hecho ni tenemos la máquina más grande ni la más potente ni la más eficiente.

Pensamos que el medio es el todo, estamos en Facebook, Twitter, Instagram u otros soltando mensajes en una sola dirección, de la misma manera que lo haríamos en las publicaciones por palabras del periódico de más tirada de tu ciudad. Tanto es así que no tenemos a nadie escuchando en las redes sociales. Y cuando tenemos a alguien no tiene la formación adecuada, ya que por mucho interés que ponga esa persona es necesario algo más que tener 1500 seguidores en su perfil de IG para saber gestionar el día a día una marca.

Además como seguimos con la filosofía de que en Internet todo es gratis nos esforzamos mucho en encontrar contenidos que copiar, imágenes que plagiar y enlaces que piratear. Las redes sociales han conseguido que pensemos que no tenemos que hacer nada para ser el más popular del barrio de los ecommerce, y no comprendemos por qué las grandes marcas se gastan ingentes cantidades de dinero en Social Media y publicidad. Que hacen concursos por doquier regalando productos o servicios o directamente haciendo ofertas de productos con precios a la pérdida.

Cuando hablamos de social media no hablamos de poner publicidad en las redes sociales, hablamos directamente de conocer al mercado sobre el que queremos influir. Y si Damas y Caballeros, estamos hablando de influir y si piensas que tú no quieres influir en las personas es que no perteneces al mundo del comercio.

Tengamos en cuenta que influir no significa conseguir que las personas que te sigan voten al mismo partido que tu (a menos que seas un partido y sea tu candidato lo que quieres vender.) Ni siquiera tienen que estar de acuerdo contigo en la mayoría de las cosas. Simplemente se trata de que tus potenciales clientes tengan a bien considerar tu servicio o producto como lo que es, algo de calidad e independiente de que la marca sea más o menos popular. De tal manera que cuando pretendan cubrir sus necesidades con un producto del tipo del tuyo se acuerden de ti y te lo compren… directamente y sin dudas.

Debemos considerar que ahora más que nunca el cliente está informado y dispone de herramientas sobradas para saber si tu producto está a la altura, que cumplirá las expectativas y además que si hay algún problema tendrá a alguien al otro lado del teléfono para poder solventar sus dudas, y que no será tratado como uno más.

Como final de esta larguísima entrada me gustaría recomendaros un post de un tipo que no solo no tiene pelos en la lengua (bueno en la cabeza tampoco) si no que por lo general basa su capacidad en su experiencia Lucas (CalvoConBarba) NO TE MERECES NADA.

Imagen destada de Shutterstock Por Odua Images

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Sherpa, instigador y agitador en social media; desarrollo web sobre WordPress y posicionamiento orgánico. CEO #desmarcateya, SysOp en RRSS. Sordo de un pie. Si quieres saber de mi solo tienes que llamarme.

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